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CONFESIÓN PÚBLICA:"LE TENGO TERROR AL 8-N" Y YO MIEDO A UD.SEÑORA...
(demasiado antiguo para responder)
A Adry
2012-11-03 15:28:51 UTC
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Sábado 03 de noviembre de 2012
De no creer
Confesión pública: le tengo terror al 8-N
Por Carlos M. Reymundo Roberts  
LA NACION
====
La orden de Zannini fue perentoria: "Venite ya a Olivos. Te espera la
señora". Sentí al mismo tiempo emoción, nervios y miedo. Hacía
mucho que no hablaba con ella, y los pocos que la frecuentan me venían
comentando que últimamente se ha puesto difícil. No le gustan cómo
están saliendo las cosas, se enoja más de lo que se desenoja, dice
que está rodeada de inútiles, se pasa el déa entero urdiendo
maniobras contra Clarín, ve conspiraciones en todos lados y no para de
pedir que le organicen actos para poder hablar.
Es decir, yo no estaba yendo a Olivos, sino al matadero.
"Ni se te ocurra contradecirla", me dijo Zannini. Le respondí que
nunca lo hago, porque con los años voy perdiendo todo menos el
instinto de supervivencia.
Cristina me mandó llamar porque se acerca el 8-N y quería saber
qué estrategias de contramarcha estamos pensando en Unidos y
Organizados (odio a los que nos menosprecian llamándonos Uno o dos y
Rentados). Básicamente le expliqué que no había de qué
preocuparse. Nuestra estimación es que, en caso de ser lindo día, el
gorilaje no va a juntar más de un millón de personas. Y si llueve,
apenas 300.000, porque odian que se les moje la ropa importada.
-¡Me muero sin son tantos! -saltó Cristina-. Creo que no podría
soportarlo.
-Tranquila, señora: hablamos de un millón repartidos por todo el
país, más Nueva York y otras ciudades; es decir, muy dispersos.
¿Quién los va a contar? Además, ya hablamos con el Servicio
Meteorológico Nacional para que ese día pronostique sudestada,
vientos huracanados, frío, lluvia y granizo; con la Policía, para
que cada diez tipos cuente uno, y estamos tratando de que esa noche
Tinelli ponga a la sueca en el Baile del caño. ¿Qué le parece?
-Un desastre. No estamos planteándoles la batalla en el terreno de las
ideas.
-De eso quería hablarle. Tenemos algunas ideas. Una forma de sacarles
gente a los caceroleros es no irritarlos. Por ejemplo, y dicho esto con
todo respeto, quizá es conveniente esconder a Boudou, a Moreno, a De
Vido. También a Aníbal, a Abal Medina y a Echegaray. Y a la Garré,
Timerman, Lorenzino, Kicillof, Boudou y Moreno. A Boudou y a Moreno los
nombré dos veces porque pensamos que hay que esconderlos bien.
­-¡Pero ustedes quieren hacer desaparecer a medio gobierno!
-Bueno, sí, y un poco más también. Pero insisto en que decimos
esto con todo respeto por cada uno de los compañeros. Es sólo por
unas horas o unos días. Y si la cosa funciona bien, por unos meses.
También proponemos que de acá al 8 no se hable más de cepo, de
re-re, de que no hay inflación ni inseguridad, de cierre de las
importaciones, de ir por todo. Incluso, déjeme decirle, con todo
cariño y admiración, que no sería bueno usar tanto la cadena.
-¡No, no y no! ¡Con la cadena no se metan! -Cristina me estaba
perforando los tímpanos-. ¡Yo voy a hablar cuantas veces quiera! A
la gente le enloquece mis discursos.
-Eso es cierto: la escuchan y se ponen locos. Bueno, lo de la cadena era
una propuesta. Tenemos otras. En estos días sería importante no
estar atacando a los opositores, apretando a jueces y empresarios,
hablando de intentos destituyentes, peleándonos con todo el mundo. Y
algo más, pero no lo tome a mal, es sólo un consejo: ¿y si hasta
que pase el cacerolazo nos olvidamos de Clarín?
-¿Olvidarnos de Clarín? ¡Vade retro, Magnetto! ¡Eso nunca!
-Ok, ok, no se ponga mal. Nuestra idea era pactar por abajo con ellos
para que TN no transmitiera en directo la marcha y en ese horario pasara
un programa especial con los 300 goles de Messi. Pero si no le parece
bien, pensamos en otra cosa. Quizás los goles de Messi los podemos dar
esa noche en 6,7,8, con Víctor Hugo como invitado. Capaz que a dos o
tres puntos de rating llegamos.
-Nada de lo que me están proponiendo me parece ingenioso, inteligente
y eficaz.
-Es que todavía no terminé, señora.
¿Qué tal si sorprendemos a todos con una ola de anuncios? Esos
anuncios bien nuestros, que suenan bárbaro porque si algo sabemos es
montar el escenario, la obra, los actores y el público. Anuncios que
suenen a relato glorioso: pagar los 20 millones de dólares y repatriar
la Fragata, subir el mínimo no imponible de Ganancias, usar las
reservas para sacarnos definitivamente de encima a los fondos buitre.
¿Le parece bien?
Por primera vez esa tarde, Cristina pareció sumergirse en una
reflexión profunda. Fueron segundos que se me hicieron eternos.
-Acabo de caer en la cuenta -dijo, y sus ojos hablaban de un odio apenas
contenido-: me están proponiendo esconder a nuestra gente, nuestro
relato, nuestras luchas, nuestras convicciones. Me están proponiendo
que enfrentemos al antikirchnerismo con menos kirchnerismo. Incluso con
menos cristinismo. ¿Saben qué? Haré exactamente todo lo contrario.
Seré más yo que nunca. Y usted, retírese ahora mismo.
Dejé Olivos triste y alarmado. Tengo miedo de que el 8-N revienten las
calles, avenidas y plazas de todo el país. Le tengo miedo a esa oleada
de cacerolas. Por primera vez le tengo miedo a la gente, que puede
convertirse en la oposición más peligrosa.
Y, con todo respeto, le tengo miedo a la señora..
últimas notas de Opinión
Hegel
2012-11-03 15:36:56 UTC
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Lula e o exorcismo que vem aí


Por Luiz Carlos Azenha, no blog Viomundo:

Uma capa recente do Estadão resumiu de forma enxuta os caminhos pelos
quais a oposição brasileira pode enveredar para tentar interromper aos
12 anos o domínio da coalizão encabeçada pelo PT no governo federal.

De um lado, o ex-presidente Fernando Henrique Cardoso sugeria
renovação do discurso do PSDB.

De outro, um novo depoimento de Marcos Valério no qual ele teria
citado o nome do ex-presidente Lula:


Valério foi espontaneamente a Brasília em setembro acompanhado de seu
advogado Marcelo Leonardo. No novo relato, citou os nomes de Lula e do
ex-ministro Antonio Palocci, falou sobre movimentações de dinheiro no
exterior e afirmou ter dados sobre o assassinato do ex-prefeito de
Santo André Celso Daniel.

Curiosamente, no dia seguinte acompanhei de perto uma conversa entre
quatro senhores de meia idade em São Paulo, a capital brasileira do
antipetismo, na qual um deles argumentou que Fernando Haddad, do PT,
foi eleito novo prefeito da cidade por causa do maior programa de
compra de votos já havido na República, o Bolsa Família. Provavelmente
leitor da Veja, ele também mencionou entrevista “espírita” dada por
Marcos Valério à revista, na qual Lula teria sido apontado como chefe
e mentor do mensalão.

Isso me pôs a refletir sobre os caminhos expressos naquelas manchetes
que dividiram a capa do Estadão.

Sobre a renovação do discurso do PSDB sugerida pelo ex-presidente FHC,
pode até acontecer, mas não terá efeito eleitoral. O PT encampou a
social democracia tucana e, aliado ao PMDB, ocupou firmemente o centro
que sempre conduziu o projeto de modernização conservadora do Brasil.
Ao PSDB, como temos visto em eleições recentes, sobrou o eleitorado de
direita, o eleitorado antipetista representado pelos quatro senhores
de meia idade e classe média que testemunhei conversando no Pacaembu.

Estimo que o eleitorado antipetista represente cerca de 30% dos votos
em São Paulo, capital, talvez o mesmo em outras metrópoles. Ele
alimenta e é alimentado pelos grandes grupos de mídia, acredita e
reproduz tudo o que escrevem e dizem os colunistas políticos dos
grandes jornais e emissoras de rádio e TV. Há, no interior deste grupo
de 30% dos eleitores, um núcleo duro dos que militam no antipetismo,
escrevendo cartas aos jornais, ‘trabalhando’ nas mídias sociais e
participando daquelas manifestações geralmente fracassadas que recebem
grande cobertura da mídia do Instituto Millenium.

Este processo de retroalimentação entre a mídia e os militantes do
antipetismo é importante, na medida em que permite sugerir a
existência de uma opinião pública que reflete a opinião publicada. É
por isso que os mascarados de Batman, imitadores de Joaquim Barbosa,
aparecem com tanta frequência na capa de jornais; é por isso que os
jornais escalam repórteres e fotógrafos para acompanhar os votos de
José Dirceu e José Genoíno e geram um clima de linchamento público
contra os condenados pelo STF; é por isso que os votos de Joaquim
Barbosa e Ricardo Lewandowski nas recentes eleições foram usados de
forma teatral para refletir a reação da “opinião pública” (de dois ou
três, diga-se) ao “mocinho” e ao “bandido” do julgamento do mensalão.
Curiosamente, ninguém se interessou em acompanhar os votos de Luiz Fux
e Rosa Weber.

O antipetismo é alimentado pelo pensamento binário do nós contra eles,
pelo salvacionismo militante segundo o qual do combate às saúvas
lulopetistas dependem a Família, a Pátria e a Liberdade.

Criar essa realidade paralela é importante. Em outras circunstâncias
históricas, foi ela que permitiu vender a ideia de que um governo
popular estava sitiado pela população. Sabe-se hoje, por exemplo, que
João Goulart, apeado do poder pelo golpe cívico-militar de 1964 com
suporte dos Estados Unidos, tinha apoio de grande parcela da população
brasileira, conforme demonstram pesquisas feitas na época pelo Ibope
mas nunca divulgadas (por motivos óbvios).

[Ver aqui sobre o apoio a Jango]

Hoje, o mais coerente partido de oposição do Brasil, a mídia
controlada por meia dúzia de famílias, forma, dissemina e mede o
impacto das opiniões da militância antipetista. O consórcio midiático,
no dizer da Carta Maior, produz a norma, abençoa os que se adequam a
ela (mais recentemente a ministra Gleisi Hoffmann, que colocou seus
interesses particulares de candidata ao governo do Paraná adiante dos
do partido ao qual é filiada) e pune com exílio os que julga
“inadequados” (o ministro Lewandowski, por exemplo).

Diante deste quadro, o Partido dos Trabalhadores, governando em
coalizão, depende periodicamente de vitórias eleitorais como uma
espécie de salvo conduto para enfrentar a barulhenta militância
antipetista.

Esta sonha com as imagens da prisão de José Dirceu, mas quer mais: o
ex-presidente Lula é a verdadeira encarnação do Mal. É a fonte da
contaminação do universo político — de onde brotam águas turvas,
estelionatos como o Bolsa Família e postes eleitorais que só servem
para disseminar o Mal.

O antipetismo é profundamente antidemocrático, uma vez que julga
corrompidos ou irracionais os eleitores do PT. Corrompidos pelo
“estelionato eleitoral” do Bolsa Família ou incapazes de resistir à
retórica demagoga e populista do ex-presidente Lula e seus
apaniguados.

A mitificação do poder de Lula, como se emanasse de alguém sobre-
humano, é essencial ao antipetismo. Permite afastar o ex-presidente de
suas raízes históricas, dos movimentos sociais aos quais diz servir,
desconectar Lula de seu papel de agente de transformação social. O
truque da desconexão tem serventia dupla: os antipetistas podem posar
de defensores do Bem sem responder a perguntas inconvenientes. Quem
são? A quem servem? A que classe social pertencem? Qual é seu projeto
político? Quais são suas ideias?

A crença de que vencer eleições, em si, será suficiente para diminuir
o ímpeto antipetista poderá se revelar o mais profundo erro do próprio
PT diante da conjuntura política. O antipetismo não depende de votos
para existir ou se propagar. Estamos no campo do simbólico, do quase
religioso.

Os quatro senhores do Pacaembu, aos quais aludi acima, estavam tomados
por uma indignação quase religiosa contra Lula e o PT. Pareciam fazer
parte de uma seita capaz de mobilizar todas as forças, constitucionais
ou não, para praticar o exorcismo que é seu objetivo final. Como
aconteceu às vésperas do golpe cívico-militar de 64, o que são as leis
diante do imperativo moral de livrar a sociedade do Mal?
A Adry
2012-11-03 15:36:25 UTC
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Sábado 03 de noviembre de 2012
De no creer
Confesión pública: le tengo terror al 8-N
Por Carlos M. Reymundo Roberts  
LA NACION
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La orden de Zannini fue perentoria: "Venite ya a Olivos. Te espera la
señora". Sentí al mismo tiempo emoción, nervios y miedo. Hacía
mucho que no hablaba con ella, y los pocos que la frecuentan me venían
comentando que últimamente se ha puesto difícil. No le gustan cómo
están saliendo las cosas, se enoja más de lo que se desenoja, dice
que está rodeada de inútiles, se pasa el déa entero urdiendo
maniobras contra Clarín, ve conspiraciones en todos lados y no para de
pedir que le organicen actos para poder hablar.
Es decir, yo no estaba yendo a Olivos, sino al matadero.
"Ni se te ocurra contradecirla", me dijo Zannini. Le respondí que
nunca lo hago, porque con los años voy perdiendo todo menos el
instinto de supervivencia.
Cristina me mandó llamar porque se acerca el 8-N y quería saber
qué estrategias de contramarcha estamos pensando en Unidos y
Organizados (odio a los que nos menosprecian llamándonos Uno o dos y
Rentados). Básicamente le expliqué que no había de qué
preocuparse. Nuestra estimación es que, en caso de ser lindo día, el
gorilaje no va a juntar más de un millón de personas. Y si llueve,
apenas 300.000, porque odian que se les moje la ropa importada.
-¡Me muero sin son tantos! -saltó Cristina-. Creo que no podría
soportarlo.
-Tranquila, señora: hablamos de un millón repartidos por todo el
país, más Nueva York y otras ciudades; es decir, muy dispersos.
¿Quién los va a contar? Además, ya hablamos con el Servicio
Meteorológico Nacional para que ese día pronostique sudestada,
vientos huracanados, frío, lluvia y granizo; con la Policía, para
que cada diez tipos cuente uno, y estamos tratando de que esa noche
Tinelli ponga a la sueca en el Baile del caño. ¿Qué le parece?
-Un desastre. No estamos planteándoles la batalla en el terreno de las
ideas.
-De eso quería hablarle. Tenemos algunas ideas. Una forma de sacarles
gente a los caceroleros es no irritarlos. Por ejemplo, y dicho esto con
todo respeto, quizá es conveniente esconder a Boudou, a Moreno, a De
Vido. También a Aníbal, a Abal Medina y a Echegaray. Y a la Garré,
Timerman, Lorenzino, Kicillof, Boudou y Moreno. A Boudou y a Moreno los
nombré dos veces porque pensamos que hay que esconderlos bien.
­-¡Pero ustedes quieren hacer desaparecer a medio gobierno!
-Bueno, sí, y un poco más también. Pero insisto en que decimos
esto con todo respeto por cada uno de los compañeros. Es sólo por
unas horas o unos días. Y si la cosa funciona bien, por unos meses.
También proponemos que de acá al 8 no se hable más de cepo, de
re-re, de que no hay inflación ni inseguridad, de cierre de las
importaciones, de ir por todo. Incluso, déjeme decirle, con todo
cariño y admiración, que no sería bueno usar tanto la cadena.
-¡No, no y no! ¡Con la cadena no se metan! -Cristina me estaba
perforando los tímpanos-. ¡Yo voy a hablar cuantas veces quiera! A
la gente le enloquece mis discursos.
-Eso es cierto: la escuchan y se ponen locos. Bueno, lo de la cadena era
una propuesta. Tenemos otras. En estos días sería importante no
estar atacando a los opositores, apretando a jueces y empresarios,
hablando de intentos destituyentes, peleándonos con todo el mundo. Y
algo más, pero no lo tome a mal, es sólo un consejo: ¿y si hasta
que pase el cacerolazo nos olvidamos de Clarín?
-¿Olvidarnos de Clarín? ¡Vade retro, Magnetto! ¡Eso nunca!
-Ok, ok, no se ponga mal. Nuestra idea era pactar por abajo con ellos
para que TN no transmitiera en directo la marcha y en ese horario pasara
un programa especial con los 300 goles de Messi. Pero si no le parece
bien, pensamos en otra cosa. Quizás los goles de Messi los podemos dar
esa noche en 6,7,8, con Víctor Hugo como invitado. Capaz que a dos o
tres puntos de rating llegamos.
-Nada de lo que me están proponiendo me parece ingenioso, inteligente
y eficaz.
-Es que todavía no terminé, señora.
¿Qué tal si sorprendemos a todos con una ola de anuncios? Esos
anuncios bien nuestros, que suenan bárbaro porque si algo sabemos es
montar el escenario, la obra, los actores y el público. Anuncios que
suenen a relato glorioso: pagar los 20 millones de dólares y repatriar
la Fragata, subir el mínimo no imponible de Ganancias, usar las
reservas para sacarnos definitivamente de encima a los fondos buitre.
¿Le parece bien?
Por primera vez esa tarde, Cristina pareció sumergirse en una
reflexión profunda. Fueron segundos que se me hicieron eternos.
-Acabo de caer en la cuenta -dijo, y sus ojos hablaban de un odio apenas
contenido-: me están proponiendo esconder a nuestra gente, nuestro
relato, nuestras luchas, nuestras convicciones. Me están proponiendo
que enfrentemos al antikirchnerismo con menos kirchnerismo. Incluso con
menos cristinismo. ¿Saben qué? Haré exactamente todo lo contrario.
Seré más yo que nunca. Y usted, retírese ahora mismo.
Dejé Olivos triste y alarmado. Tengo miedo de que el 8-N revienten las
calles, avenidas y plazas de todo el país. Le tengo miedo a esa oleada
de cacerolas. Por primera vez le tengo miedo a la gente, que puede
convertirse en la oposición más peligrosa.
Y, con todo respeto, le tengo miedo a la señora..
últimas notas de Opinión
A Adry
2012-11-03 15:38:19 UTC
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Sábado 03 de noviembre de 2012
De no creer
Confesión pública: le tengo terror al 8-N
Por Carlos M. Reymundo Roberts  
LA NACION
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La orden de Zannini fue perentoria: "Venite ya a Olivos. Te espera la
señora". Sentí al mismo tiempo emoción, nervios y miedo. Hacía
mucho que no hablaba con ella, y los pocos que la frecuentan me venían
comentando que últimamente se ha puesto difícil. No le gustan cómo
están saliendo las cosas, se enoja más de lo que se desenoja, dice
que está rodeada de inútiles, se pasa el déa entero urdiendo
maniobras contra Clarín, ve conspiraciones en todos lados y no para de
pedir que le organicen actos para poder hablar.
Es decir, yo no estaba yendo a Olivos, sino al matadero.
"Ni se te ocurra contradecirla", me dijo Zannini. Le respondí que
nunca lo hago, porque con los años voy perdiendo todo menos el
instinto de supervivencia.
Cristina me mandó llamar porque se acerca el 8-N y quería saber
qué estrategias de contramarcha estamos pensando en Unidos y
Organizados (odio a los que nos menosprecian llamándonos Uno o dos y
Rentados). Básicamente le expliqué que no había de qué
preocuparse. Nuestra estimación es que, en caso de ser lindo día, el
gorilaje no va a juntar más de un millón de personas. Y si llueve,
apenas 300.000, porque odian que se les moje la ropa importada.
-¡Me muero sin son tantos! -saltó Cristina-. Creo que no podría
soportarlo.
-Tranquila, señora: hablamos de un millón repartidos por todo el
país, más Nueva York y otras ciudades; es decir, muy dispersos.
¿Quién los va a contar? Además, ya hablamos con el Servicio
Meteorológico Nacional para que ese día pronostique sudestada,
vientos huracanados, frío, lluvia y granizo; con la Policía, para
que cada diez tipos cuente uno, y estamos tratando de que esa noche
Tinelli ponga a la sueca en el Baile del caño. ¿Qué le parece?
-Un desastre. No estamos planteándoles la batalla en el terreno de las
ideas.
-De eso quería hablarle. Tenemos algunas ideas. Una forma de sacarles
gente a los caceroleros es no irritarlos. Por ejemplo, y dicho esto con
todo respeto, quizá es conveniente esconder a Boudou, a Moreno, a De
Vido. También a Aníbal, a Abal Medina y a Echegaray. Y a la Garré,
Timerman, Lorenzino, Kicillof, Boudou y Moreno. A Boudou y a Moreno los
nombré dos veces porque pensamos que hay que esconderlos bien.
­-¡Pero ustedes quieren hacer desaparecer a medio gobierno!
-Bueno, sí, y un poco más también. Pero insisto en que decimos
esto con todo respeto por cada uno de los compañeros. Es sólo por
unas horas o unos días. Y si la cosa funciona bien, por unos meses.
También proponemos que de acá al 8 no se hable más de cepo, de
re-re, de que no hay inflación ni inseguridad, de cierre de las
importaciones, de ir por todo. Incluso, déjeme decirle, con todo
cariño y admiración, que no sería bueno usar tanto la cadena.
-¡No, no y no! ¡Con la cadena no se metan! -Cristina me estaba
perforando los tímpanos-. ¡Yo voy a hablar cuantas veces quiera! A
la gente le enloquece mis discursos.
-Eso es cierto: la escuchan y se ponen locos. Bueno, lo de la cadena era
una propuesta. Tenemos otras. En estos días sería importante no
estar atacando a los opositores, apretando a jueces y empresarios,
hablando de intentos destituyentes, peleándonos con todo el mundo. Y
algo más, pero no lo tome a mal, es sólo un consejo: ¿y si hasta
que pase el cacerolazo nos olvidamos de Clarín?
-¿Olvidarnos de Clarín? ¡Vade retro, Magnetto! ¡Eso nunca!
-Ok, ok, no se ponga mal. Nuestra idea era pactar por abajo con ellos
para que TN no transmitiera en directo la marcha y en ese horario pasara
un programa especial con los 300 goles de Messi. Pero si no le parece
bien, pensamos en otra cosa. Quizás los goles de Messi los podemos dar
esa noche en 6,7,8, con Víctor Hugo como invitado. Capaz que a dos o
tres puntos de rating llegamos.
-Nada de lo que me están proponiendo me parece ingenioso, inteligente
y eficaz.
-Es que todavía no terminé, señora.
¿Qué tal si sorprendemos a todos con una ola de anuncios? Esos
anuncios bien nuestros, que suenan bárbaro porque si algo sabemos es
montar el escenario, la obra, los actores y el público. Anuncios que
suenen a relato glorioso: pagar los 20 millones de dólares y repatriar
la Fragata, subir el mínimo no imponible de Ganancias, usar las
reservas para sacarnos definitivamente de encima a los fondos buitre.
¿Le parece bien?
Por primera vez esa tarde, Cristina pareció sumergirse en una
reflexión profunda. Fueron segundos que se me hicieron eternos.
-Acabo de caer en la cuenta -dijo, y sus ojos hablaban de un odio apenas
contenido-: me están proponiendo esconder a nuestra gente, nuestro
relato, nuestras luchas, nuestras convicciones. Me están proponiendo
que enfrentemos al antikirchnerismo con menos kirchnerismo. Incluso con
menos cristinismo. ¿Saben qué? Haré exactamente todo lo contrario.
Seré más yo que nunca. Y usted, retírese ahora mismo.
Dejé Olivos triste y alarmado. Tengo miedo de que el 8-N revienten las
calles, avenidas y plazas de todo el país. Le tengo miedo a esa oleada
de cacerolas. Por primera vez le tengo miedo a la gente, que puede
convertirse en la oposición más peligrosa.
Y, con todo respeto, le tengo miedo a la señora..
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2012-11-03 15:38:57 UTC
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Sábado 03 de noviembre de 2012
De no creer
Confesión pública: le tengo terror al 8-N
Por Carlos M. Reymundo Roberts  
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La orden de Zannini fue perentoria: "Venite ya a Olivos. Te espera la
señora". Sentí al mismo tiempo emoción, nervios y miedo. Hacía
mucho que no hablaba con ella, y los pocos que la frecuentan me venían
comentando que últimamente se ha puesto difícil. No le gustan cómo
están saliendo las cosas, se enoja más de lo que se desenoja, dice
que está rodeada de inútiles, se pasa el déa entero urdiendo
maniobras contra Clarín, ve conspiraciones en todos lados y no para de
pedir que le organicen actos para poder hablar.
Es decir, yo no estaba yendo a Olivos, sino al matadero.
"Ni se te ocurra contradecirla", me dijo Zannini. Le respondí que
nunca lo hago, porque con los años voy perdiendo todo menos el
instinto de supervivencia.
Cristina me mandó llamar porque se acerca el 8-N y quería saber
qué estrategias de contramarcha estamos pensando en Unidos y
Organizados (odio a los que nos menosprecian llamándonos Uno o dos y
Rentados). Básicamente le expliqué que no había de qué
preocuparse. Nuestra estimación es que, en caso de ser lindo día, el
gorilaje no va a juntar más de un millón de personas. Y si llueve,
apenas 300.000, porque odian que se les moje la ropa importada.
-¡Me muero sin son tantos! -saltó Cristina-. Creo que no podría
soportarlo.
-Tranquila, señora: hablamos de un millón repartidos por todo el
país, más Nueva York y otras ciudades; es decir, muy dispersos.
¿Quién los va a contar? Además, ya hablamos con el Servicio
Meteorológico Nacional para que ese día pronostique sudestada,
vientos huracanados, frío, lluvia y granizo; con la Policía, para
que cada diez tipos cuente uno, y estamos tratando de que esa noche
Tinelli ponga a la sueca en el Baile del caño. ¿Qué le parece?
-Un desastre. No estamos planteándoles la batalla en el terreno de las
ideas.
-De eso quería hablarle. Tenemos algunas ideas. Una forma de sacarles
gente a los caceroleros es no irritarlos. Por ejemplo, y dicho esto con
todo respeto, quizá es conveniente esconder a Boudou, a Moreno, a De
Vido. También a Aníbal, a Abal Medina y a Echegaray. Y a la Garré,
Timerman, Lorenzino, Kicillof, Boudou y Moreno. A Boudou y a Moreno los
nombré dos veces porque pensamos que hay que esconderlos bien.
­-¡Pero ustedes quieren hacer desaparecer a medio gobierno!
-Bueno, sí, y un poco más también. Pero insisto en que decimos
esto con todo respeto por cada uno de los compañeros. Es sólo por
unas horas o unos días. Y si la cosa funciona bien, por unos meses.
También proponemos que de acá al 8 no se hable más de cepo, de
re-re, de que no hay inflación ni inseguridad, de cierre de las
importaciones, de ir por todo. Incluso, déjeme decirle, con todo
cariño y admiración, que no sería bueno usar tanto la cadena.
-¡No, no y no! ¡Con la cadena no se metan! -Cristina me estaba
perforando los tímpanos-. ¡Yo voy a hablar cuantas veces quiera! A
la gente le enloquece mis discursos.
-Eso es cierto: la escuchan y se ponen locos. Bueno, lo de la cadena era
una propuesta. Tenemos otras. En estos días sería importante no
estar atacando a los opositores, apretando a jueces y empresarios,
hablando de intentos destituyentes, peleándonos con todo el mundo. Y
algo más, pero no lo tome a mal, es sólo un consejo: ¿y si hasta
que pase el cacerolazo nos olvidamos de Clarín?
-¿Olvidarnos de Clarín? ¡Vade retro, Magnetto! ¡Eso nunca!
-Ok, ok, no se ponga mal. Nuestra idea era pactar por abajo con ellos
para que TN no transmitiera en directo la marcha y en ese horario pasara
un programa especial con los 300 goles de Messi. Pero si no le parece
bien, pensamos en otra cosa. Quizás los goles de Messi los podemos dar
esa noche en 6,7,8, con Víctor Hugo como invitado. Capaz que a dos o
tres puntos de rating llegamos.
-Nada de lo que me están proponiendo me parece ingenioso, inteligente
y eficaz.
-Es que todavía no terminé, señora.
¿Qué tal si sorprendemos a todos con una ola de anuncios? Esos
anuncios bien nuestros, que suenan bárbaro porque si algo sabemos es
montar el escenario, la obra, los actores y el público. Anuncios que
suenen a relato glorioso: pagar los 20 millones de dólares y repatriar
la Fragata, subir el mínimo no imponible de Ganancias, usar las
reservas para sacarnos definitivamente de encima a los fondos buitre.
¿Le parece bien?
Por primera vez esa tarde, Cristina pareció sumergirse en una
reflexión profunda. Fueron segundos que se me hicieron eternos.
-Acabo de caer en la cuenta -dijo, y sus ojos hablaban de un odio apenas
contenido-: me están proponiendo esconder a nuestra gente, nuestro
relato, nuestras luchas, nuestras convicciones. Me están proponiendo
que enfrentemos al antikirchnerismo con menos kirchnerismo. Incluso con
menos cristinismo. ¿Saben qué? Haré exactamente todo lo contrario.
Seré más yo que nunca. Y usted, retírese ahora mismo.
Dejé Olivos triste y alarmado. Tengo miedo de que el 8-N revienten las
calles, avenidas y plazas de todo el país. Le tengo miedo a esa oleada
de cacerolas. Por primera vez le tengo miedo a la gente, que puede
convertirse en la oposición más peligrosa.
Y, con todo respeto, le tengo miedo a la señora..
últimas notas de Opinión
A Adry
2012-11-03 15:37:34 UTC
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Sábado 03 de noviembre de 2012
De no creer
Confesión pública: le tengo terror al 8-N
Por Carlos M. Reymundo Roberts  
LA NACION
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La orden de Zannini fue perentoria: "Venite ya a Olivos. Te espera la
señora". Sentí al mismo tiempo emoción, nervios y miedo. Hacía
mucho que no hablaba con ella, y los pocos que la frecuentan me venían
comentando que últimamente se ha puesto difícil. No le gustan cómo
están saliendo las cosas, se enoja más de lo que se desenoja, dice
que está rodeada de inútiles, se pasa el déa entero urdiendo
maniobras contra Clarín, ve conspiraciones en todos lados y no para de
pedir que le organicen actos para poder hablar.
Es decir, yo no estaba yendo a Olivos, sino al matadero.
"Ni se te ocurra contradecirla", me dijo Zannini. Le respondí que
nunca lo hago, porque con los años voy perdiendo todo menos el
instinto de supervivencia.
Cristina me mandó llamar porque se acerca el 8-N y quería saber
qué estrategias de contramarcha estamos pensando en Unidos y
Organizados (odio a los que nos menosprecian llamándonos Uno o dos y
Rentados). Básicamente le expliqué que no había de qué
preocuparse. Nuestra estimación es que, en caso de ser lindo día, el
gorilaje no va a juntar más de un millón de personas. Y si llueve,
apenas 300.000, porque odian que se les moje la ropa importada.
-¡Me muero sin son tantos! -saltó Cristina-. Creo que no podría
soportarlo.
-Tranquila, señora: hablamos de un millón repartidos por todo el
país, más Nueva York y otras ciudades; es decir, muy dispersos.
¿Quién los va a contar? Además, ya hablamos con el Servicio
Meteorológico Nacional para que ese día pronostique sudestada,
vientos huracanados, frío, lluvia y granizo; con la Policía, para
que cada diez tipos cuente uno, y estamos tratando de que esa noche
Tinelli ponga a la sueca en el Baile del caño. ¿Qué le parece?
-Un desastre. No estamos planteándoles la batalla en el terreno de las
ideas.
-De eso quería hablarle. Tenemos algunas ideas. Una forma de sacarles
gente a los caceroleros es no irritarlos. Por ejemplo, y dicho esto con
todo respeto, quizá es conveniente esconder a Boudou, a Moreno, a De
Vido. También a Aníbal, a Abal Medina y a Echegaray. Y a la Garré,
Timerman, Lorenzino, Kicillof, Boudou y Moreno. A Boudou y a Moreno los
nombré dos veces porque pensamos que hay que esconderlos bien.
­-¡Pero ustedes quieren hacer desaparecer a medio gobierno!
-Bueno, sí, y un poco más también. Pero insisto en que decimos
esto con todo respeto por cada uno de los compañeros. Es sólo por
unas horas o unos días. Y si la cosa funciona bien, por unos meses.
También proponemos que de acá al 8 no se hable más de cepo, de
re-re, de que no hay inflación ni inseguridad, de cierre de las
importaciones, de ir por todo. Incluso, déjeme decirle, con todo
cariño y admiración, que no sería bueno usar tanto la cadena.
-¡No, no y no! ¡Con la cadena no se metan! -Cristina me estaba
perforando los tímpanos-. ¡Yo voy a hablar cuantas veces quiera! A
la gente le enloquece mis discursos.
-Eso es cierto: la escuchan y se ponen locos. Bueno, lo de la cadena era
una propuesta. Tenemos otras. En estos días sería importante no
estar atacando a los opositores, apretando a jueces y empresarios,
hablando de intentos destituyentes, peleándonos con todo el mundo. Y
algo más, pero no lo tome a mal, es sólo un consejo: ¿y si hasta
que pase el cacerolazo nos olvidamos de Clarín?
-¿Olvidarnos de Clarín? ¡Vade retro, Magnetto! ¡Eso nunca!
-Ok, ok, no se ponga mal. Nuestra idea era pactar por abajo con ellos
para que TN no transmitiera en directo la marcha y en ese horario pasara
un programa especial con los 300 goles de Messi. Pero si no le parece
bien, pensamos en otra cosa. Quizás los goles de Messi los podemos dar
esa noche en 6,7,8, con Víctor Hugo como invitado. Capaz que a dos o
tres puntos de rating llegamos.
-Nada de lo que me están proponiendo me parece ingenioso, inteligente
y eficaz.
-Es que todavía no terminé, señora.
¿Qué tal si sorprendemos a todos con una ola de anuncios? Esos
anuncios bien nuestros, que suenan bárbaro porque si algo sabemos es
montar el escenario, la obra, los actores y el público. Anuncios que
suenen a relato glorioso: pagar los 20 millones de dólares y repatriar
la Fragata, subir el mínimo no imponible de Ganancias, usar las
reservas para sacarnos definitivamente de encima a los fondos buitre.
¿Le parece bien?
Por primera vez esa tarde, Cristina pareció sumergirse en una
reflexión profunda. Fueron segundos que se me hicieron eternos.
-Acabo de caer en la cuenta -dijo, y sus ojos hablaban de un odio apenas
contenido-: me están proponiendo esconder a nuestra gente, nuestro
relato, nuestras luchas, nuestras convicciones. Me están proponiendo
que enfrentemos al antikirchnerismo con menos kirchnerismo. Incluso con
menos cristinismo. ¿Saben qué? Haré exactamente todo lo contrario.
Seré más yo que nunca. Y usted, retírese ahora mismo.
Dejé Olivos triste y alarmado. Tengo miedo de que el 8-N revienten las
calles, avenidas y plazas de todo el país. Le tengo miedo a esa oleada
de cacerolas. Por primera vez le tengo miedo a la gente, que puede
convertirse en la oposición más peligrosa.
Y, con todo respeto, le tengo miedo a la señora..
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